Por Orlando Barone. Carta abierta leída el 23 de Junio de 2009 en Radio del Plata, Buenos Aires, Argentina.
Cunde una cruzada santa que une a toda la oposición contra esa atroz herejía oficialista. Como si detrás del Gobierno, Satanás levantara su imperio maléfico. ¿Es justa tanta desmesura contra una gestión que no mata ni prohíbe ni reprime, pero que disgusta a una gran parte de la sociedad por los mismos motivos que a la otra le gusta?
La idea de las cruzadas, nombre que deriva de la cruz cristiana, fue puesta en práctica por los papas del medioevo. Se trataba de campañas militares para perseguir y dominar a quienes sostenían doctrinas erróneas. Era la llamada Guerra Santa librada contra los bárbaros y los herejes. Los soldados se iban a reclutando a destajo sin medir si eran cristianos o ateos, o lo que fuese. El infiel se merecía el ataque del rejunte. Casi diez siglos después los peronistas, ya al nacer, fueron considerados infieles y adeptos a una doctrina errónea. Y contra ellos se lanzaron cruzadas destinadas más que a vencerlos, a extinguirlos. Por eso los cementerios más grandes son los peronistas.
Y lo fueron también las cárceles más largas. Acaso ratificando a Darwin en la teoría de la evolución de las especies, y para no extinguirse, sus fieles adquirieron nuevas mutaciones que permitieron su supervivencia política. Algunas de estas mutaciones de resistencia dan lugar a desviaciones y a “peronisismos” simulados o falsos: disidentes. Que finalmente se sinceran y acaban en las filas enemigas.
Esa palabra –cruzada- alivia hoy su significado y quiere decir: propagar una idea o una campaña contra un Mal o contra un vicio. Por alguna reacción -ya no cristiana sino “republicanista y republicanóloga”- el peronismo en el gobierno es juzgado como un Mal y como un vicio. La derecha lo odia más que a la izquierda y la izquierda más que a la derecha. Ambas se entremezclan en la cruzada. Los del centro también rechazan al peronismo por impuro: porque siempre se mancha con algo. Todo entonces van “a por ellos” en tropel, aún cuando mantengan entre sí aviesas tensiones de discordia. Pero ahí están en “amasijo” para combatirlo como si fuera el enemigo más temido y más temible.
De aquellas antiguas cruzadas santas, a una de ellas se le llamó la de “los príncipes”. A ésta no: porque no es noble. Porque es menos democrática que fundamentalista.
A la Argentina de hoy le cabe el desmesurado honor de inaugurar la cruzada “antikirchnerista”. Tanto impulso “contra”, tanta unidad rabiosa, lucen fanáticas. Demasiado para combatir a un gobierno que sólo gana o pierde a través de los votos. Por algo será.
La idea de las cruzadas, nombre que deriva de la cruz cristiana, fue puesta en práctica por los papas del medioevo. Se trataba de campañas militares para perseguir y dominar a quienes sostenían doctrinas erróneas. Era la llamada Guerra Santa librada contra los bárbaros y los herejes. Los soldados se iban a reclutando a destajo sin medir si eran cristianos o ateos, o lo que fuese. El infiel se merecía el ataque del rejunte. Casi diez siglos después los peronistas, ya al nacer, fueron considerados infieles y adeptos a una doctrina errónea. Y contra ellos se lanzaron cruzadas destinadas más que a vencerlos, a extinguirlos. Por eso los cementerios más grandes son los peronistas.
Y lo fueron también las cárceles más largas. Acaso ratificando a Darwin en la teoría de la evolución de las especies, y para no extinguirse, sus fieles adquirieron nuevas mutaciones que permitieron su supervivencia política. Algunas de estas mutaciones de resistencia dan lugar a desviaciones y a “peronisismos” simulados o falsos: disidentes. Que finalmente se sinceran y acaban en las filas enemigas.
Esa palabra –cruzada- alivia hoy su significado y quiere decir: propagar una idea o una campaña contra un Mal o contra un vicio. Por alguna reacción -ya no cristiana sino “republicanista y republicanóloga”- el peronismo en el gobierno es juzgado como un Mal y como un vicio. La derecha lo odia más que a la izquierda y la izquierda más que a la derecha. Ambas se entremezclan en la cruzada. Los del centro también rechazan al peronismo por impuro: porque siempre se mancha con algo. Todo entonces van “a por ellos” en tropel, aún cuando mantengan entre sí aviesas tensiones de discordia. Pero ahí están en “amasijo” para combatirlo como si fuera el enemigo más temido y más temible.
De aquellas antiguas cruzadas santas, a una de ellas se le llamó la de “los príncipes”. A ésta no: porque no es noble. Porque es menos democrática que fundamentalista.
A la Argentina de hoy le cabe el desmesurado honor de inaugurar la cruzada “antikirchnerista”. Tanto impulso “contra”, tanta unidad rabiosa, lucen fanáticas. Demasiado para combatir a un gobierno que sólo gana o pierde a través de los votos. Por algo será.
No tengo mas que decir que lo siguiente, que extraigo de otra carta de el señor Barone :
ResponderEliminar" Mientras la Mesa de Enlace se sonríe victoriosa rodeada de Porotos de oro, y los gurúes de la city auguren inminentes cataclismos, no tengo Dudas
Ezequiel Quiroga, Estudiante secundario de la Ciudad de Llavallol